LA ÚLTIMA COPA
Deja que guarde en mis manos
el peso de tu ausencia
como se guarda el vino
que ya no volverá,
deja que pulse despacio
la cuerda de tu esencia
antes que el silencio lo cubra todo
y calle para siempre jamás.
Quiero cambiar este invierno
por la luz de aquel verano,
cuando tu nombre era
el único idioma que sabía pronunciar.
Éramos ríos distintos que se tocaron,
y fue tan breve el encuentro
que dolió como el mar.
Nuestro amor fue
una vela encendida
en campo abierto,
hermosa por el viento
que amenazaba
con apagarla al fin.
Ahora que la llama se consume
y el cuarto está desierto,
quiero beber de tu luz
lo que quede antes del confín.
Y en el momento en que cruces
ese umbral sin nombre,
alza los ojos hacia el cielo
que nos vio nacer,
porque hay cosas que no caben
en la voz de ningún hombre
y sin embargo aquí están,
intactas, en estos versos difuntos.
Salud!, por cada amanecer
que encontraste mi mano
en la oscuridad.
Salud!, por los silencios
que también fueron
forma de quererte.
Salud!, porque fuiste tú
quien me enseñó
que la eternidad
a veces dura poco tiempo,
y aún así vale la pena vivirla.
Ya puedes ir,
llévate el frío si quieres,
llévate el viento,
pero quiero que sepas
que en algún pliegue
del tiempo que no muere,
seguirás siendo ese nombre
que pronuncio lentamente
cuando la noche me pide
que recuerde lo que fuiste.
Gracias! por todo lo que diste,
por todo lo que callaste,
por todo lo que fuiste sin saberlo.
ᴍᴏᴍᴇɴᴛᴏꜱ
el peso de tu ausencia
como se guarda el vino
que ya no volverá,
deja que pulse despacio
la cuerda de tu esencia
antes que el silencio lo cubra todo
y calle para siempre jamás.
Quiero cambiar este invierno
por la luz de aquel verano,
cuando tu nombre era
el único idioma que sabía pronunciar.
Éramos ríos distintos que se tocaron,
y fue tan breve el encuentro
que dolió como el mar.
Nuestro amor fue
una vela encendida
en campo abierto,
hermosa por el viento
que amenazaba
con apagarla al fin.
Ahora que la llama se consume
y el cuarto está desierto,
quiero beber de tu luz
lo que quede antes del confín.
Y en el momento en que cruces
ese umbral sin nombre,
alza los ojos hacia el cielo
que nos vio nacer,
porque hay cosas que no caben
en la voz de ningún hombre
y sin embargo aquí están,
intactas, en estos versos difuntos.
Salud!, por cada amanecer
que encontraste mi mano
en la oscuridad.
Salud!, por los silencios
que también fueron
forma de quererte.
Salud!, porque fuiste tú
quien me enseñó
que la eternidad
a veces dura poco tiempo,
y aún así vale la pena vivirla.
Ya puedes ir,
llévate el frío si quieres,
llévate el viento,
pero quiero que sepas
que en algún pliegue
del tiempo que no muere,
seguirás siendo ese nombre
que pronuncio lentamente
cuando la noche me pide
que recuerde lo que fuiste.
Gracias! por todo lo que diste,
por todo lo que callaste,
por todo lo que fuiste sin saberlo.
ᴍᴏᴍᴇɴᴛᴏꜱ

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